Leyendo versos de otros tiempos,
aprendí a alejarme de los sueños,
¡Oh esperanza vana de quién no espera!
Despertando de una noche en vela,
supe hablar a quiénes aguardan desde siempre,
las palabras de los que mejoran con el tiempo.
No muero,
sin vivir en mí;
vivo en mí,
por eso muero.
No alta vida,
ni deseo de alta muerte,
ni el amor siendo tan fuerte.
El dolor es de esta vida,
pues no hay otra, ni la quiero.
Ansiar la muerte es un deseo incontrolable,
propio de quién conoce la música,
y la vanidad de la autoconsciencia.
Y no de los que rezan.
!Falaz engaño prometían!
La existencia, única vida,
la vivencia,
mi agonía.
Derramando lágrimas, sobre escritos vanos y fugaces. Escribo más de lo que leo, como un buen aficionado. Dibujo los sonidos disonantes de mi mente transparente. Escalo a contrareloj el monte de las noches en la hinnopia. Os regalo este cuadro que he pintado, sin pinceles y sin marcos. Os invito a contemplarlo humildemente.
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