Asomó su alma por el balcón,
y dejando entrever sus colmillos,
¡aulló como lobo herido!
En nombre del cambio,
se desnudó;
y sin ningún pudor comprendió,
que por fin era,
¡el final de aquella era!.
O almenos eso creía...
Bailó ufano con sus sombras,
y sonrió ante el espejo convexo;
¡Cual Max Estrella en esperpento!
Titubeante gritó su nombre,
y en silencio paseo su ruina...
¡Nunca lo conseguiría!
Ya eran demasiados intentos...
Desmoralizado golpeó su cara,
y al no sentir dolor alguno,
preguntó:
¿Sería humano al fin y al cabo?
Cómo podía saberlo,
si la bella realidad,
ya no besaba su espalda...
Esperanzado llamó al viento,
y una cálida brisa acarició sus mejillas...
Se había dado cuenta de que nunca había estado solo...
Derramando lágrimas, sobre escritos vanos y fugaces. Escribo más de lo que leo, como un buen aficionado. Dibujo los sonidos disonantes de mi mente transparente. Escalo a contrareloj el monte de las noches en la hinnopia. Os regalo este cuadro que he pintado, sin pinceles y sin marcos. Os invito a contemplarlo humildemente.
domingo, mayo 31, 2009
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